miércoles, 7 de abril de 2010

7 8 y 9

Petula despertó lentamente. Creyó haber oído una voz masculina que la llamaba, pero al abrir los ojos estaba completamente sola. Su cabeza descansaba sobre una almohada y se llevó la mano a la cara, para comprobar si la grava había dejado su impronta en la mejilla. Era lo último que recordaba antes de haberse quedado dormida. Esperaba, si Dios quiere, no tener que lidiar con un montón de feas marcas justo antes del Baile de Bienvenida, sobre todo después del dineral invertido en tratamientos semanales de dermabrasión y rellenados de colágeno. Medio atontada todavía, guiño los ojos varias veces para sacarse el sueño, bajó la mirada y pasó a evaluar como hacía a diario, sólo para comprobar que continuaba con el mismo cuerpazo que el día anterior. No reconoció el fino blusón de poli algodón que la arrebujaba, pero no le sentaba nada mal. Realzaba los mejores rasgos de su cuerpo, en particular el culo, que quedaba prácticamente al aire. En lo que la gente no se fijaba, principalmente debido a la belleza de su rostro y a la perfección de sus pechos, que atraían los ojos hacia arriba, era en que era corta de tronco. Pero aquella graciosa prenda que llevaba tapaba ese contratiempo anatómico menor y remarcaba lo que tenía que remarcar. Sus piernas, que se prolongaban vertiginosamente -hasta los pies, claro-. Sus pies. La fuente del drama del día anterior de pronto arrasó sus pensamientos.

Tras dedicar ese pequeño improperio a la técnica de uñas, Petula se despertó del todo, o lo suficiente, al menos, para caer en cuenta de que no estaba en su cama. Ni en casa, ya puestos. Se incorporó, miró a su alrededor y descolgó las piernas por el lateral de la cama, que ahora pudo reconocer como una cama de hospital gracias a su voluntariadoobligatorio en un geriátrico.
Se acordó, de pronto, de que se había mareado y vomitado. Sobrecogida ante tan inapropiado comportamiento en público, se auto convenció de que él debía de haberle puesto alguna clase de droga para violaciones.

«Pervertido», pensó.
Se acerco al borde de la cama, hasta que sus pies tocaron el suelo, y al hacerlo sintió un pinchazo. No es que se le pudiera llamar dolor, exactamente, pero sí era lo bastante desagradable como para notarlo. Cojeando un poco, cruzó la habitación vacía hasta la puerta y salió al pasillo.

Petula no estaba acostumbrada a esperar ni a que no la atendieran al instante. Dio media vuelta para salir por donde había entrado y reparó en otro cartel que colgaba del plomo de la puerta.
SU TIEMPO ES IMPORTANTE PARA NOSOTROS, leyó. SI NO HA SIDO
ATENDIDO EN ---- MINUTOS, ROGAMOS LO NOTIFIQRECEPCIÓN.
El número de minutos que debía esperar no aparecía especificado en una de esas
pequeñas esferas de reloj con manillas de plástico. No obstante, la reconfortó saber que alguien atendía la sala y que más pronto que tarde podría reanudar su agenda del día.

A pesar del rotundo desdén que manifestaba hacia el público en general, Petula necesitaba a la gente más de lo que jamás se hubiera atrevido a reconocer. No es que se desviviera por interactuar con las personas, por dar algo de sí misma. Necesitaba su atención, su idolatría, su odio y su envidia incluso. Las grandes muchedumbres de admiradores sin rostro se contaban entre sus cosas predilectas. Una sonrisa y un saludo mecánicos eran más que suficiente para calmar a su multitud de adoradores. Petula se llevó la mano a la altura de la cara y, estirando el brazo cuan largo era, examinó su manicura de esmalte transparente, tan expertamente acabada, a diferencia de su trágica pedicura. Reparó en su imagen reflejada en las uñas y decidió emplear ese tiempo de forma constructiva practicando poses. Separó los dedos al máximo para obtener el mayor número posible de ángulos, consiguiendo una perspectiva un tanto distinta de sí misma en cada uno de ellos. No es que fuera el espejo de cuerpo entero de su dormitorio, pero dada las circunstancias más valía eso que nada.

La sacó de su sesión fotográfica y coronación imaginarias y la devolvió a una realidad decididamente menos glamurosa. Ahora notó también que el ambiente era cada vez más frío y empezó a removerse en su asiento con impaciencia.
Justo en ese momento, la puerta principal de la oficina se entreabriómuydespacio.
-Joder, ya era hora -vociferó Petula, sintiéndosemás aliviada que nunca por la compañía.
La puerta de la oficina se abrió por completo, pero Petula seguía sin ver quién era el que entraba. Pensó que quienquiera que fuese debía de sufrir algún tipo de discapacidad vertical o algo, porque no se veía la cabeza a través de la ventanilla de la parte superior de la puerta.




-Menuda suerte -se quejo Petula-, voy a tardar siglos en salir de aquí.
Vio entar una pierna, vacilante. Sin duda pertenecía a una persona bajita. Pero era una niña. Asomó la cabeza con cautela, mirando primero de un lado y luego al otro antes de entrar, tal y como le habrían enseñado que tenía que hacer antes de cruzar la calle.
-¿Dónde estoy? -preguntó la niña, franqueando la entrada del todo y dejando que la puerta se cerrara poco a poco a su espalda.
Viniendo de una persona tan pequeña, pensó Petula, era toda una pregunta, y ella no tenía ni la más remota idea de cómo responderla correctamente por el momento.
-¿Y tú eres…? -preguntó Petula con recelo a la confundida niña.
-Me llamo Virginia Johnson -contestó la niña, igual de recelosa-. ¿Y tú como te llamas? Petula permaneció muda de asombro durante un segundo. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo que presentarse a alguien, pero el momento era tan bueno como cualquier otro para hacer una excepción.
-Yo soy Petula Kensington -anunció de forma arrogante, con un tono que uno o dos siglos antes habría garantizado una referencia-. Encantada de conocerme. Éste era su modus operandi habitual cuando estaba nerviosa. Actúa con superioridad y confianza, y doblegarás a los más débiles, a los más inseguros. El hecho de que empleara esta táctica con una niña no era más que una señal de lo mucho que empezaba a agobiarle todo aquello.
-Deja que adivine -dijo Virginia mirando a Petula de arriba abajo-, eres animadora.
-¿Cómo lo has sabido? -preguntó Petula muy orgullosa.
-Por los humos y… -soltó Virginia, ladeando levemente el cuello para obtener una
mejor vista lateral del camisón abierto de Petula-… ese culo gordo.
Petula no se esperaba algo así de una niña de aspecto tan inocente. Su primera reacción fue la de sentirse ofendida y contraatacar, pero en su lugar se paró los pies, se diría que seducida por las agallas de Virginia. La impertinencia de la niña también hizo que se acordara de Scarlet, y de todos aquellos largos viajes en coche que habían compartido juntas en las vacaciones de verano, antes del divorcio.


Acabadas las compras, las Wendys volvieron al hospital de Petula, se diría que para
acompañar a la enferma, o para ser más exactos, rondar a la víctima, y para su sorpresa se encontraron a Scarlet, que yacía igualmente exánime en la cama de al lado. La doctora Patrick estaba en la habitación, haciendo la visita nocturna. Por todas partes había evidencias de la conmoción: el lugar estaba sembrado de tubos, jeringuillas, esparadrapo, gasas y monitores de todo tipo, restos de la batalla del equipo de cardiología por estabilizar a Scarlet. En vez de consternación, las Wendys sólo pudieron sentir desprecio hacia Scarlet.
-¿Es que por fin ha visto la luz y ha intentado suicidarse? -dijo Wendy Anderson con desdén.
-Míralas -dijo Wendy Thomas ante la visión de Scarlet tumbada en una cama junto a Petula-. El botín y la bestia.
-¡Qué poca personalidad! -espetó Wendy Anderson.
-Ya ves -corroboró Wendy Thomas fríamente-, no solo le quita el novio sino que va y también le roba el protagonismo de su coma.
Las dos chicas se volvieron de repente cuando Damen entró en la habitación. Estaba
hacho un cromo, arrugado, desaliñado, con los ojos enrojecidos, y parecía cansado y
preocupado. Las Wendys, que nunca le habían perdonado que prefiriera a Scarlet en vez de Petula -o alguna de ellas dos ya que estaba-, saborearon la oportunidad de patearle ahora que le veían en horas bajas. Él las ignoró y fue a sentarse entre las dos camas.
-¿Qué diablos ha pasado? -preguntó Wendy Thomas, más furiosa que preocupada.
Damen no se molestó en responder. Sabía que si se dejaba succionar, acabaría atrapado en esa interminable rueda de hámster sin sentido que era el proceso de pensamientos de las Wendys.
-Cabe la posibilidad de que Scarlet haya caído en un coma autoinducido, propiciado por un estrés extremo -dijo la doctora Patrick-. Podría ser psicosomático.
-Yo más bien la llamaría psicópata -agregó Wendy Thomas.
-A veces es difícil soportar ver a la hermana que quieres tumbada ahí, medio muerta -dijo la doctora Patrick.
Wendy Anderson no pudo aguantarse la carcajada, y el Red Bull que se estaba tomando le salió disparado por la nariz. La idea de que Petula pudiera significar tanto para Scarlet era más de lo que sus mentes podían procesar. No obstante, lograron recuperar la compostura cuando la señora K, quien durante todo ese tiempo había estado acariciando como ausente el vestido del Baile de Bienvenida de Scarlet, les lanzó una mirada asesina.

Maddy y los demás estaban pegados a sus teléfonos, de modo que Charlotte decidió irse por su cuenta. Al cruzar el patio que separaba el complejo de oficinas de la residencia del campus, observó las vallas que rodeaban los barracones. No había reparado antes en ellas porque por el camino siempre estaba ocupada charlando con Maddy. Le pareció que estaban allí más para delimitar la zona que para impedir la entrada o salida del lugar, lo que por otra parte tenía sentido. Es posible que la gente se muriese por entrar, bromeó consigo misma, pero nadie tenía demasiado interés en averiguar qué había al otro lado.
La liberación se estaba convirtiendo en un concepto cada vez más importante para
Charlotte. Últimamente, su existencia se había tornado tan insoportable que había
empezado a evocar con cariño su vida -una vida marcada sobre todo por la inseguridad y el aislamiento-. Es más, desde la llamada aquella que no llegó a responder, no podía dejar de pensar en Scarlet, Petula y Damen y lo que pudo haber sido, y en su familia y lo que nunca fue. Más que nada pensaba en lo que nunca sería.
Maddy lo había dicho. Se quedarían en los diecisiete para siempre. La idea podía tener su atractivo para las mamis objeto de los reality showsque se pasaban la vida entre inyecciones de Botox, liposucciones, implantes y desintoxicaciones para competir en secreto por los novios de sus hijas, pero no para Charlotte, a quien la idea le resultaba cada vez más deprimente. Había hecho todo lo que haría jamás, y si bien esperaba haber dejado su impronta, en pocos años la fotografía académica que adornaba el vestíbulo de Hawthorne empezaría a amarillear y a difuminarse, tanto como el recuerdo de ella.
Charlotte decidió, no obstante, que sí importaba. Esos dos años podían no significar nada en el marco de la historia, pero habían sido importantes para quienes los vivieron. Eran cuanto tuvieron. Que llenaran ese tiempo de felicidad o desdicha resultaba irrelevante. Habían vivido para experimentarlo.
Al final, todos salvo unos pocos, muy pocos, acaban siendo olvidados, y Charlotte arrancaba con tremenda desventaja. Diecisiete años no es que fueran muchos para cimentar un legado, y mucho menos después de haber tenido una vida como la suya. Mientras seguía dándole vueltas en la cabeza a tan sombrío cálculo, se miró la manga y se dio cuenta de lo peor, de lo más horrible que tenía ser eternamente joven: vestiría la misma ropa para siempre.
La superficialidad de este pensamiento le recordó a las Wendys, y su deseo de estar viva la sacó de quicio tanto o más que un correo electrónico de una ex amiga.


Charlotte se quitó los zapatos de mala manera tan pronto como entró en el apartamento, Pero el
hecho de estar en casa no obró el efecto relajante que esperaba. Era algo más que su antigua vida lo que ahora la atosigaba.
Después de todo lo que había hecho por los chicos y chicas de Muertología, de lo
mucho que había cambiado como persona, no acababa de entender por qué se seguía sintiendo tan excluida. Tan sola.
Maddy tenía razón, conjeturó, aun cuando no se lo hubiese dicho nunca a las claras. Charlotte volvía a tener un papel secundario, por no decir algo peor. Lo único que recibía ya de ellos eran gestos de lo ocupados que estaban. Sabía que andaban muy liados con todo el rollo ese de volver a reunirse con sus seres queridos y demás, y que las chicas en particular no miraban con buenos ojos su amistad con Maddy, pero ¿a quién tenía sino a ella? Además, al principio Scarlet tampoco es que hubiese sido de la devoción de Prue, recordó Charlotte, y Pam no había tenido reparo en darle la espalda por lo del episodio con la señorita Wacksel. Quizá estaban todos mostrándose tal cual eran, ahora que ya no la necesitaban más.
Charlotte se metió a rastras en su litera y continuó compadeciéndose de sí misma. En ese instante entró Maddy con aspecto acalorado.


Charlotte se pasó un día más sin apartar la vista del teléfono de su mesa, tratando a la vez de abstraerse del parloteo de los demás becarios. Ni siquiera podía escabullirse con la maldita videocámara constantemente fija en ella y el señor Markov paseándose por allí sin cesar como una especie de carcelero sobrenatural. Las llamadas de Kim eran las más fastidiosas y las más difíciles de ignorar.
A ella también le encantaba hablar por teléfono: no iban por ahí los tiros. Lo que pasaba es que Kim estaba tan... segura de sí misma. Tan segura sobre qué estaba bien y qué estaba mal.
Charlotte ya lo había notado en el Baile de Otoño, justo antes de pasar todos al otro lado. Tal vez fuera ésa la razón de que no recibiera llamadas. ¿Cómo vas a ayudar a nadie si tu propia materia gris es una gran maraña gris?


Trató de vencer tan profundas ideas tapándose los oídos. Esta experiencia, pensó, hacía que se sintiera como un ratón atrapado en un laberinto, salvo que aquí no había un pedazo de queso que la guiase hasta la meta. Había perdido la vida, a sus amigos, su futuro, y ahora es posible que también la cabeza. Estaba atrapada en un estado de pubertad perpetua y en el interior de la misma ropa para siempr, y ¿qué obtenía a cambio de tanto sacrificio? La oportunidad de ayudar a otras personas, quizá, ¡si es que su teléfono sonaba, aunque fuera una vez!
Levantó la vista hacia la lente de la cámara y articuló despacio:
-¡AYÚDAME!


Los pies de Damen rebotaban con nerviosismo contra el suelo mientras permanecía sentado en silencio en la serena habitación del hospital, colocado a mitad de camino entre Petula y Scarlet. Posiblemente por primera vez en su vida sentía que las cosas no estaban bajo su control, no sólo las circunstancias sino también él mismo. Después de todo, se ufanaba de ser un atleta disciplinado, decidido y optimista. Era un ganador en el deporte y en la vida y tenía pruebas que así lo demostraban. Jamás daba nada por perdido, aunque fuera inevitable; así de fuerte era su fe en sí mismo y en el poder del pensamiento positivo. Los funestos pensamientos y la creciente desesperanza de la situación, sin embargo, eran territorio inexplorado para él, tanto mental como emocionalmente. Sobre todo emocionalmente.

Scarlet no tenía ni idea de dónde podría encontrar a Charlotte, pero se sintió atraída, casi como una paloma mensajera, de regreso a Hawthorne High. De regreso a Muertología. ¿La razón? Una incógnita. Todos se habían ido, que ella supiera. Graduado. ¿A cuento de qué presentarse en un aula vacía? Pero algo tiraba de ella y siguió su instinto de vuelta al instituto.
Mientras se internaba flotando en el edificio pensó en Petula por un segundo, en lo extraño que se le había hecho regresar a un lugar conocido y no encontrar ni una sola cara conocida. Y otro tanto de Charlotte.¿No era espeluznante llegar a un sitio nuevo, ser el nuevo del lugar?
Conforme recorría planeando el largo pasillo, vio que se confirmaban sus peores
miedos. El instituto estaba aparentemente vacío, pero antes de que el desaliento la
venciera por completo, oyó voces a lo lejos. Enfiló hacia el sonido y, en efecto, divisó una luz que emanaba de la última aula. Se detuvo junto a la puerta y espió el interior a través de la ventanilla.
“Tiene que ser aquí- pensó Scarlet-. Muertología”.
Volvió a asomarse, de forma más prolongada esta vez, con la esperanza de divisar a
Charlotte o a alguien conocido.

-Pasa, pasa, quienquiera que seas- dijo la señorita Pierce alegremente.

Scarlet alargó la mando hacia el pulido pomo de latón y, no sin cierto esfuerzo, lo hizo girar hasta que cedió el cierre y consiguió abrir la pesada puerta.

La señorita Pierce era una mujer dulce de edad intermedia: de aspecto agradable con unas pocas arrugas y una voz firme pero amable. Llevaba el pelo recogido en un moño prendido con un lápiz del dos, y lucía una elegante blusa de seda de manga larga conjuntada con una falda de lana de corte conservador. Parecía salida de una época en la que una persona de cincuenta años podía pasar por una de treinta y viceversa. Y a Scarlet se le ocurrió que hacía mucho de esas épocas. Se sintió mal por no tener una manzana que dejar sobre la mesa de la señorita Pierce.

-Bienvenida. Te estábamos esperando, pero…- tartamudeó la señorita Pierce-. Me temo que no sé tu nombre, señorita.

-Eh, Scarlet, Scarlet Kensington, señora- contestó en un tono respetuoso desconocido en ella-. Pero no creo que m esperaran a mí.

-Pues claro que sí, Scarlet- le aseguró la señorita Pierce, haciendo énfasis en su nombre como para que se le quedara grabado en la memoria-. Y ahí tienes tu sitio, el último pupitre libre, al fondo.

Scarlet intuyó el malentendido, pero antes de que pudiera decir esta boca es mía, la señorita Pierce le entregó un libro de texto, la cogió del brazo y la acompañó medio camino en dirección a su asiento. Conforme avanzaba entre las mesas, Scarlet iba mirando a izquierda y derecha y descubrió que no reconocía a nadie. No era buena señal. Sin embargo, en lugar de protestar, decidió ser paciente y aguardar a que la clase hubiera concluido para hablarle a la señorita Pierce de su dilema. Pensó que no había por qué hacer pensar a los chicos y chicas muertos de verdad que se creía mejor que ellos o algo por el estilo.

-Muy bien- continuó la señorita Pierce-, ahora que por fin estamos todos los que somos, revisaremos la película de orientación por última vez. Podéis seguir el texto en vuestros manuales de la Guía del Muerto Perfecto.

Se atenuó la luz y Scarlet se dedicó a ver la película por el rabillo de un ojo y a
escudriñar a sus compañeros de clase con el otro. Comprobó que definitivamente no reconocía a ninguno.

Al fin de pasar el tiempo, se entretuvo echando un vistazo a los nombres que, inscritos en etiquetas identificativos prendidas al dedo gordo del pie de sus compañeros, alcanzaba a leer bajo el tenue resplandor del proyector. Estaban Polly, Tilly, Bianca y Andy, por nombrar unos pocos. Justo cuando Scarlet empezaba a especular sobre el cómo de la muerte de cada uno de ella, Gary le ahorró el trabajo susurrándole inesperadamente al oído:
-Ése es A.D.D² Andy, un skater que intentó deslizarse sobre el borde de la cuba de una hormiguera con el eje trasero del monopatín- informó Gary-. Lamentablemente, la hormiguera se puso en marcha y Gary pasó a formar parte de la acera.
-Tonto del culo- dijo Scarlet en un tono endiablado.
-Sí, ya, pero consiguió un montón de visitas en Youtube- dijo Gary tratando de ser positivo.
-¿Y Tilly?- preguntó Scarlet haciendo un ademán hacia la chica en cuestión.
-No lo preguntarías si estuvieran las luces encendidas- dijo Gary con una sonrisa-.
Tanning Tilly se frió en una camilla de bronceado. La chica era una auténtica adicta a los rayos UVA. Demasiado avariciosa con las bombillas.

Una vez informada sobre sus compañeros de clase, Scarlet concentró su atención en la pantalla. En ese momento, la película mostraba a Butch y Billy recibiendo lecciones sobre cómo empezar adecuadamente las “habilidades especiales”. Scarlet encontraba la película fascinante, a decir verdad, pero no dejaba de recordarse a sí misma que ella estaba allí sólo como oyente. Todo aquella historia era superflua, puesto que ella, en realidad, no estaba muerta.
Tras encender las luces, la señorita Pierce dio por finalizada la clase, pero permaneció sentada a su mesa. Scarlet observó cómo salían del aula los demás chicos y chicas y se acercó a la profesora para hablar con ella.

-¿Puedo ayudarte en algo, Scarlet?- se ofreció la señorita Pierce muy amablemente.

-Eso espero- dijo Scarlet muy seria-. Verá, éste no es el lugar que me corresponde.

-Todos pensamos lo mismo al principio, querida- dijo la señorita Pierce-. Ya te acostumbrarás.

-Yo no quiero acostumbrarme..- Scarlet se contuvo-. Lo que quería decir es que yo no soy como usted y los demás.

-¿A qué te refieres, Scarlet?- preguntó la profesora, picada por la curiosidad.
-Yo no estoy muerta, señora- dijo Scarlet-. Aún.
La señorita Pierce recibió sus palabras con cierto escepticismo, pero al echar un vistazo a su relación de alumnos no pudo encontrar el nombre de Scarlet. Siguió escuchando, ahora con más atención.
-Y entonces ¿Por qué estás aquí?- dijo la señorita Pierce-. No es que se cuente precisamente entre las prioridades de un adolescente.
-Busco a alguien que sí está muerto- respondió Scarlet-. Una chica, se llama Charlotte Usher.
-Pues lo siento, no está en esta clase- la informó la señorita Pierce, consultando de nuevo su lista de asistencia-. Francamente, no tengo ni idea de cómo podrías dar con ella.
-No es que entienda muy bien cómo funciona toda esta historia, pero sé que se graduó.
-Pues ésa es la cuestión, señorita Kensington- explicó la señorita Pierce-. Ninguno de
los que estamos aquí sabemos dónde está ese lugar, pero todos estamos deseando que se nos brinde la oportunidad de ser trasladado allí.
Algo en el tono de la voz de al señorita Pierce indicó a Scarlet que ésta había albergado la esperanza de que la nueva alumna fuera quien les conduciría hasta el otro lado.

Scarlet entró en Hawthone Manor igual que cualquier otro día de trabajo, pero en esta ocasión tenía acceso especial a la residencia propiamente dicha. Era majestuosa y hermosa, tal y como la recordaba de la primera vez. Atravesó las enormes puertas de madera y cruzó el vestíbulo de mármol, orgullosa de haber colaborado en su día a preservar un lugar tan excepcional. Allí no había nadie, que ella supiera. Caminó hacia la fabulosa escalera y ascendió a las habitaciones, echando miradas furtivas por encima del hombro durante todo el camino, en anticipación de los furiosos y resentidos fantasmas que tal vez moraban ahora aquí. Mientras recorría el pasillo reparó en que todas las puertas luían placas rotuladas, luego llegó al antiguo dormitorio de Charlotte, que, por fortuna, parecía desocupado. Se le hizo raro atravesar la puerta, puesto que la última vez había entrado nada menos que flotando por la enorme vidriera. Pasó el dedo por la reprisa de la chimenea y pensó en Charlotte y en todo lo ocurrido. Pensó también en Damen y se preguntó si seguiría revoloteando alrededor de Petula en la habitación del hospital, o si habría encontrado un minuto para derramar unas lágrimas por ella, acariciar su mano y pedirle también a ella que regresara del borde del abismo. De improviso, no obstante, Scarlet se encontró pensando sobre todo en Petula y en cómo la iba a salvar. En ese momento, oyó unos golpecitos en la puerta del dormitorio.

-¿Scarlet?- susurró una voz.


Scarlet se acurrucó bajo las pesadas sábanas de la acogedora cama con dosel y acababa de quedarse dormida cuando sus ojos se abrieron de nuevo, espoleados por la luz de la luna que ascendía, como un falso amanecer, por la vidriera de colores. Su mala conciencia tampoco es que la estuviera ayudando mucho, y ya se había vuelto completamente inmune a sus cánticos chinos para dormir.

La posibilidad de conseguir dar una cabezada le pareció cada vez más remota, de modo que se retrotrajo al momento de su partida y empezó a darle vueltas a su impulsiva decisión. ¿No habría sido más útil echar una mano en el hospital en lugar de merodear a la caza y captura entre dos mundos? ¿Y la preocupación que le estaría causando a su madre? ¿Y a Damen? Al apartar la vista de la gélida mirada de la luna, reparó en el viejo manual de la Guía del Muerto Perfecto de Charlotte, que reposaba sobre la mesilla de noche, junto a la cama. Recordó que el manual de Charlotte era diferente de los demás. Más antiguo, si no recordaba mal. Sacó el manual que le habían dado de debajo de la manta y se puso a pasar hojas, comparando páginas y capítulos. Se cruzó con el dedicado a la posesión en el libro de Charlotte, que no parecía en el suyo.
-Esto ya lo tengo visto- dijo Scarlet, y pasó de largo el ritual.

Hojeó cada libro hasta el final, cotejándolos página por página, pero la única diferencia entre ambos era lo de la posesión, aparentemente. Hasta que llegó a la última página. Parecía más un formulario o una solicitud que un texto en sí. Fácil de pasar por alto, a no ser que uno lo estuviera buscando a propósito.

La cabecera de la página decía así: DECISIÓN ANTICIPADA.




Comentario: bueno pues a lo que lei me di cuenta de que Petula no se ha dado cuenta de la realidad en la que esta, ya que sigue de inmadura y por supuesto de egocéntrica y vanidosa, pero bien sabemos que tarde o que temprano se dará cuenta de sus errores y es ahí cuando va a sufrir. Y pues volviendo al apartado de Charlotte , pues como lo dije desde un principio, creo yo siempre le va a costar a Charlotte su muerte a si pase miles de años, lo recuerdos y sus experiencia bien o mal vividas estarán ahí como una espina clavada en su corazón, ahí tenemos un ejemplo, el tener siempre la misma ropa , los mismos zapatos y no podérselos cambiar tal vez es algo muy difícil aunque son cosas materiales pero terminan doliendo no cree!

sábado, 3 de abril de 2010

omega 2 al la 13

Omega archivo 349 Londres, Inglaterra

En los primeros años Hawker y jude viajado mucho.Bruselas, Estrasburgo, Roma, Nueva Delhi, Washington ...Norte de África, América del Sur, Australia ... sin hogar, sin familia, sólo trabajo.

Ellos trabajaban para él. Fue llamado Arla. Nadie knen su verdadero nombre, o mucho de él.

Algunos tristes fue letón, otros dicen que era de otro planeta. Siempre daba los puestos de trabajo duro para vendedores ambulantes y Judas. Los puestos de trabajo con preguntas, pero no muchas respuestas. Los archivos de omega.Cuando los conocí, muchos años después, vendedores ambulantes y Judas eran unos setenta años. Vivían en voz muy baja, en una casita blanca en una isla griega. se fueron a pie, natación, pesca, se sentaron en el sol, y dormía mucho.al principio. no quería hablar sobre su trabajo.no podemos, dijo Jude. "Nuestro trabajo era secreto. Todo está en los archivos del gobierno. "y nadie puede leerlos. "Después de treinta años », le dije, 'la gente puede leer todos los archivos secretos del gobierno."No de estos archivos, Hawker dijo. Es un centenar de años antes de que la gente pueda leer los archivos EDI.Los miré.

-Pero yo no necesito leer el FLES, me dijo. “Puedo conseguir las historias de usted. "y lo hice.

Éstos son algunos de ellos...

No hay hombre joven en Londres callend cocinero Johnny, Arla, dijo. Q no! tener un hogar, pero él va todos los clubes Neary ninght. Los clubes de baile toda la noche para los jóvenes. Aquí está una fotografía de él. "Dejó la fotografía sobre la mesa, y Judas y Hawker miró.¿Y? " Hawker dijo.Él quiere vender una historia a un periódico, Arla, dijo.Algunos historia sobre un medicamento le compny.Find. Habla con él. ¿Cuál es su historia? Quiero saber. "Jude y tomó un avión Hawker tarde de Bruselas a Londres, y luego fueron a un hotel.¿Qué vas a usar esta noche? dijo Jude. no esos pantalones vaqueros viejos, por favor!¿Qué pasa con ellos? Hawker dijo. Vamos clubbing, no fuera a la cena en el Hotel Ritz.Pues bien, llevar una camiseta diferente, entonces. Ese es sucia ",'¡Piérdete! " dijo JudeLa cena han, veían la televisión durante una hora o dos, y luego salió. Era una noche cálida, que un poco de lluvia de vez en cuando.Tiempo Londres, "dijo Hawker.Ellos encontraron un taxi un piloto joven, y consiguió pulgFueron a? dijo el conductor.Queremos ir a bailar ", dijo Jude. "Se es el mejor lugar esta semana? ¿Sabe usted?el conductor de Bruno, dijo. 'o de Gracia, junto al río. Todo el mundo va allí esta semana. "'Está bien, vamos! " dijo Hawker.Encontraron Johnny Cook en un club de tercera, llamada Monty.Eran las dos de la mañana."Es él, está bien," dijo Hawker. "Miren a su oído.

Cocinero Johnny era alto y delgado, con pelo largo amarillo y negro dos pendientes en la oreja izquierda.johnny! cocinero Johnny! “gritó Jude sddenly. Ella corrió y puso los brazos alrededor del cuello de su Johnny cocinero. -Hola, Johnny! Te acuerdas de mí-Jude. Nos reunimos la semana pasada, en el de García, que remembre? oh, este es mi amigo Hawker."Hola, Johny. Un placer conocerte-dijo Haker.-Hola-dijo Johnny cocinar. Miró a Jude. «¿Se nos reunimos en
García?""Por supuesto que hicimos", se rió Jude. "Yo estaba con Sara y Patti y los otros, ¿te acuerdas?"Oh. Sí, "dijo Johnny. 'Recuerdo'. Miró a su alrededor. "Ellos están aquí esta noche?"'No, es sólo a mí y esta noche Hawker-dijo Jude.«Venid, vamos a bailar."Bailaron durante dos horas. Luego se fueron con alrededor de otras diez personas, y atravesó el río a un nuevo club.

La música no era más fuerte y el baile era muy rápido. Después de dos horas más de vendedores ambulantes bailando estaba caliente, cansado y sediento.Me estoy haciendo viejo, le dijo a Judas.

No estas personas nunca van a la cama?Sólo tienes veinticinco! Dijo Judas. Eso no es vieja.Y
usted no puede parar todavía. Se está poniendo muy fácil ahora, y podemos llevarlo hasta el desayuno del pronto.

En el reloj o siete, el club privado, y Judas y Hawker tomó Johnny de regreso a su hotel.Judas levantó el teléfono y pidió que gran desayuno en la habitaciónHawker quitó los zapatos. Ah eso es mejor, dijo.Miró a Johnny. ¿Con qué frecuencia ir a bailar, Johnny? ¿Y qué haces en el día?No mucho. El sueño, por lo general. Yo ir a bailar por las noches
¿Dónde vive usted? Hawker preguntó.En las calles, dijo Johnny. Cuando yo soy rico, me voy a tomar un barco y vivir de eso.Rich? Judas dijo. Oh, sí, todos queremos ser ricos!Pero yo voy a ser rico, dijo Johnny. Yo tengo una buena historia, ¿ves? Se echó a reír. Voy a venderla. Un periódico quiere darme 100.000 euros por ello. Me dieron 1.000 mes pasado, y me voy a poner la otra 99.000 muy pronto.Gran! Dijo Judas. Entonces, ¿qué es la historia entonces, Johnny?


Tiene poco más de café, y nos dicen todo.Bueno, usted, conozca la Compañía Farmacéutica Tyler? Johnny comenzó. Ellos hacen las drogas y medicamentos.Sí, vendedor ambulante, dijo. Es una muy una empresa europea muy grande.Tienen oficinas en todas las grandes ciudades.

Sí, es cierto, dijo Johnny. Bueno, están teniendo los jóvenes de las calles, y utilizarlos para la prueba.Jude se echó a reír. Nadie va a creer eso! Ella dijo. Las compañías farmacéuticas utilizan animales, no personas, para su prueba. Algunos nuevos medicamentos puede ser muy peligroso al principio.Nadie quiere que la gente a morir de un nuevo medicamento!¡Es cierto! Johnny dijo enojado. Piensa en ello. Todos aquellos jóvenes sin hogar en Londres. Duermen cada noche un tiempo el Strand, y otras calles. Nadie quiere saber, nadie hará preguntas acerca de ellos.

No tienen casa, ni familia, nada.Pero tienen piernas Hawker dijo. Pueden huir.Tú no lo entiendes,
dijo Johnny. Escuchar. Lo sé porque yo estuve ahí! Yo vivo una calle ¿no?Y una noche a lo largo del capítulo, vinieron y me llevaron y otras personas - un niño y dos niñas. Ellos querían que nos ayude, dijeron. Comida caliente, cómodas camas, ropa nueva - ¡todo! Nos llevaron a esta casa grande -¿Dónde? Said HawkerNo estoy diciendo que dijo Johnny.¿Y qué pasó? Preguntado Jude

Nos dieron comida y ropa nueva, y camas donde dormir, todos los derechos. Pero no podíamos salir de la casa, y los hombres de bata blanca nos miraban todo el tiempo. Y pusieron las drogas en nuestra comida.¿Cómo sabes que «Hawker pidió?Me sentí enfermo. Mis ojos se fue extraño, y yo no podía ver muy bien. Y una de las chicas-se puso muy mal una noche. Ella gritó y gritó, y entraron los hombres de bata blanca. Yo estaba en la habitación de al lado y he escuchado a través de la pared. Esto es muy extraño, uno de los hombres dijo.

Había 20 gramos de Coplas en su cena esta noche. ¿Era demasiado, qué te parece? "" No sé ", dijo un segundo hombre." No queremos a matarla. Tratemos de 20 gramos de nuevo mañana, en esta niña y en uno de los chicos. No podemos dejar esta prueba ahora. Debemos obtener respuestas quickliy ". Affter que se hablaba más en silencio, y yo no podía oír. Pero yo no comían más en esa casa, ya la noche siguiente me metí en una oficina de planta baja y tomó unos papeles.

Entonces salió de la casa y echó a correr rápido.´

Qué papeles? dijo Hawker. Documentos con el nombre de Tyler Compañía Farmacéutica en ellos.

¿Y dónde están esos papeles ahora? preguntó Judas. Eso es mi secreto, dijo Johnny. Cuando el periódico me da el dinero, yo voy a decirles. Pero yo no voy a decir.

Al día siguiente, Judas y Hwker voló de regreso a Bruselas y fue a la oficina s de Arla. Arla escuchó la historia de Jonny de Cook, pero no dijo nada. Entonces, ¿qué hacemos ahora? Judas dijo. ¿Buscamos esta casa grande y. Arla cogió su teléfono. Vuelve dentro de una hora, dijo.

Obtener una oficina o algo así.
Una hora más tarde y cafés theree volvieron. OK, dijo Arla. Puedes olvidarte de todo esto. Historia de Cook no es cierto. Judas lo miró fijamente. ¿Quién te dijo eso? , dijo.
Quiero hablar con Johnny Cook de nuevo, dijo Hawker. No puedes, dijo que Arla. Él 's muertos.


Hawker miró a Judas, y luego a Arla. Él fue ayer, dijo Hawker.

Bueno, él no está vivo hoy. Salió de un club en hay de esta mañana y cayó en el río Támesis. Cuando lo sacaron, estaba muerto. Pero, Judas comenzó. Olvídalo, Judas. El archivo está cerrado.


Y es que el final de la misma? -Pregunté, cuando Judas y Hawker terminó de contar la historia. Sí, dijo Hawker. Arla nunca habló de ello de nuevo. ¿Y creemos la historia de Johnny acerca de la compañía de drogas? Le pregunté.

Antes de que una empresa puede vender un medicamento nuevo para las personas, dijo Hawker, hay años de pruebas. Ellos hacen las pruebas con animales, por supuesto. Sin embargo, ellos aprenden mucho más rápido de los ensayos en personas. Hay un montón de compañías farmacéuticas, y cada compañía quiere ser el primero con un medicamento nuevo. Unos cinco años más tarde, dijo Judas, la Drug Tyler.

Company comenzó a vender un nuevo medicamento, llamado Coplastin. Era una medicina para evitar que algunos tipos de cáncer, y funcionó. Everbody lo quería. La compañía hizo un montón de dinero-por lo que el gobierno tiene un montón de dinero de la compañía en impuestos. Los gobiernos como las empresas ricas y grandes, los impuestos grasa. No están muy interesados en los jóvenes sin hogar durmiendo en las calles.

Así que la historia de Johnny Cook era cierto, le dije. Y no cayó en el río, alguien lo empujó. Por supuesto que lo empujó, dijo Jude. Los muertos no pueden hablar, ¿no?

Quiero que tome el próximo vuelo a Escocia, dijo que Arla. A continuación, obtenga hasta Loch Ness. Oh, bien, dijo Hawker. ¿Estamos buscando el monstruo del Lago Ness Nessie de edad? Judas se echó a reír. No te rías, dijo Arla. ¿Está buscando un monstruo?.
Oh, vamos, Arla, dijo Judas. No quiero decir eso. Esta foto llegó por correo electrónico de Edimburgo, dijo que Arla. Mira... Se volvió hacia su equipo y abrió un expediente. Es una foto nocturna y no muy bueno.

Hawker y Judas se quedó mirando la foto en la pantalla del ordenador. Se podía ver el agua, y algo grande y gris, la mitad fuera del agua. Tiene los brazos y una cabeza, dijo Hawker. Pero ¿qué es?

Mata ovejas, gatos y perros, Arla, dijo. Y quizás los niños pequeños al lado. La gente en Fort Augustus están gritando en Londres, y Londres está gritando en nosotros. Ir a buscarla. ¿Qué hacemos con él cuando lo encontramos? preguntó Judas.

domingo, 28 de marzo de 2010

4,5 y 6

Petula seguía tumbada en la misma camilla en la que la habían colocado los ATS,
desnuda bajo uno de esos camisones blancos de hospital, de talla única y abiertos por la espalda. Scarlet la había acompañado en la ambulancia, evitando las miradas que la acusaban de SPM -Sospechosa de Parricidio Meditado- a la vez que observaba con nerviosismo cómo los técnicos comprobaban sus constantes vitales y trataban de estabilizarla. Tras entrar por la puerta de Urgencias sobre su camilla de ruedas, habían conducido a Petula hasta una sala de observación aislada, apartada del resto de los pacientes que estaban siendo tratados en las salas de Urgencias.

- ¿Qué es, doctora? -rogó Scarlet, inclinándose sobre el cuerpo inerte de Petula.

- De momento, no tengo ni idea -contestó la doctora Patrick-. De lo único que estamos seguros es de que tiene fiebre y no responde a los estímulos. Clínicamente está en coma.

- ¿Está tomando alguna medicación? -continuó la doctora a la vez que procedía a examinar a Petula.

- Pues no de forma regular, no -respondió Wendy Thomas por iniciativa propia.

- No, claro que no -soltó Scarlet al tiempo que se plantaba junto a su madre como una tigresa defendiendo a sus crías-. Esta sala está reservada sólo a la familia, ¿verdad?

- Somos más hermanas suyas que tú Harlot³ -añadió Wendy Anderson. Aquello le dolió porque Scarlet sospechaba que, ya fuese para bien o para mal, era muy probable que tuviese razón.

Kiki Kensington, la madre de Petula y Scarlet, las mandó callar con un movimiento de la mano. La cosa era seria y enseguida quedó patente de quién había heredado Petula y Scarlet su talante brusco, poco dado a andarse con tonterías.

Scarlet puso los ojos en blanco y silenció a las Wendys con una mirada capaz de derretir los polos más rápido que el calentamiento global. No estaba por la labor de dejar que aquellas maliciosas descerebradas extendiesen por Hawthorne el rumor de un posible embarazo de las proporciones del atribuido a la princesa Diana estando Petula como estaba, fuera de combate y completamente indefensa.

- Lo siento, pero es algo que debemos preguntar a todas las mujeres en edad de procrear antes de administrar cualquier tipo de tratamiento o medicación -añadió la doctora Patrick amablemente en consideración hacia la señora Kensington-. Es el protocolo. De todas formas, lo confirmaremos con un análisis de sangre. ¿Por qué no salen todas y descansan un poco? Es posible que no tengamos los resultados hasta dentro de unas horas. Las llamaremos si se produce algún cambio.

La señora Kensington salió para llamar a su ex marido, con Scarlet pisándole los
talones. Scarlet la observó teclear el número, y se quedó un tanto sorprendida. Ni
siquiera sabía que su madre conservase aún su número de teléfono. La tragedia y la
enfermedad tienen una extraña manera de volver a unir a las personas, pensó. Incluso a ex parejas mal avenidas.

Por algún motivo, escuchar aquella conversación hizo que pensara en Charlotte y la
fotografía del acto conmemorativo que apareció en el periódico del instituto. Recordaba perfectamente que en ella no había nadie de la familia de Charlotte. ¿Es que no tenía a nadie que la echara de menos?, recordó que había pensado mientras tecleaba la necrológica. ¿Es que no le importaba a nadie?

Scarlet le dio un abrazo a su madre y se dirigió hacia el ascensor mientras trataba de
localizar a Damen en el móvil.

Las Wendys intercambiaron miradas e inmediatamente sacaron sus iPhones. Acto
seguido, emprendieron una sesión de fotos improvisada para el Facebook, posando
junto al cuerpo inconsciente de Petula. Wendy Anderson ladeó la cabeza de Petula para pegarla a la suya mientras Wendy Thomas se subía a una silla, a fin de obtener la mejor perspectiva aérea posible, y hacía las fotografías.

- No veas la de visitas que vamos a tener. ¿Envía aviso de que hemos agregado nuevas fotos! -exclamó Wendy Thomas mientras agitaban insensiblemente sus PDAs en el aire, apuntando a diestro y siniestro, como linternas en una cueva oscura, tratando de dar con una señal Wifi para así poder colgar el nuevo contenido.


Las Wendys consiguieron las visitas que andaban buscando, y a resultas de ello se
propagó casi al instante la noticia de que Petula estaba hospitalizada. Los chicos de su clase partieron en peregrinación hacia el hospital tan pronto como la página web de las Wendys se cayó por exceso de visitas. No es que quisieran interesarse por su estado o prsentarle sus respetos, no; fueron hasta allí para ver con sus propios ojos a Petula Kensington, inconsciente, en la cama, y prácticamente desnuda. Era un sueño colectivo hecho realidad.


Scarlet no esperó a que llegara el ascensor, en su lugar subió corriendo cuatro tramos de escaleras y llegó arriba en cuestión de segundos.
¿No pueden poner una bombilla menos potente en este cacharro? -preguntó Wendy Thomas a la enfermera, que en ese momento comprobaba el historial de Petula sosteniendo en alto la lámpara-. ¡Da muchísima luz y hace que se le vean unos poros enorme!

Scarlet y su madre pasaron al interior de la habitación cogidas de la mano, para afrontar unidas cualesquiera que fueran las noticias que tenían que darles. La doctora Patrick entró justo detrás de ellas. Abordó el asunto inmediatamente, utilizando ese tono flemático al que de costumbre recurren los médicos cuando las noticias no son buenas.

- Los resultados de la analítica nos han permitido descartar varias cosas, entre ellas un pequeño quiste de ovario que pensamos que podría haberse roto y causado una infección.

-¿Un quiste? ¡Mi abuela tuvo un quiste y tenía dientes! No dientes normales, no,
¡muelas! -dijo Wendy Anderson haciendo auténticos esfuerzos por no echar la primera papilla. Con todo, si Petula tenía un quiste, ellas en secreto también querían uno.

- No obstante, el recuento de glóbulos blancos es alarmantemente elevado y tiene muchísima fiebre -farfulló la doctora Patrick, descartando y tendiendo en cuenta enfermedades, mientras examinaba a Petula a conciencia-. Esta reacción tan aguda tendría que deberse a una causa reciente…

Conforme hablaba, la doctora Patrick retiró la sábana un poco más, de forma que los pies de Petula quedaron al descubierto.

Observó intimidada a su hermana, parcialmente expuesta,
mientras la toqueteaban aquí y allá como a un cadáver en unas prácticas de la Facultad de Medicina, despojada de su esmalte de uñas y de toda dignidad.

- ¡Aquí está! -dijo la doctora señalando su uña.

- Ah-oh… -las Wendys, Scarlet y Kiki tragaron saliva a un tiempo.

- Su hija a contraído una enfermedad por estafilococo -la doctora Patrcik entornó los ojos y se inclinó para mirar de cerca el dedo gordo de uno de los pies de Petula-, en su última pedicura.

- ¿No estaba borracha? -preguntó Scarlet.

- No, estaba perdiendo el conocimiento, y si no llegas a traerla aquí de inmediato, es posible que no lo hubiese contado -dijo la doctora Patrick acomodándose los largos mechones rubio ceniza del flequillo detrás de la oreja-. ¿Ven ese pequeño corte en el dedo?, pues ese es el foco de la infección -dijo la doctora Patrick-. Esos salones de belleza no son nada seguros, por no decir que nada higiénicos.

- ¿Se recuperará? -preguntó la señora K, obviando por completo los ridículos
comentarios de las Wendys.

- Lo sabemos en las próximas veinticuatro horas -respondió la señora Patrick,
ordenando a la enfermera que le triplicara a Petula la dosis de antibiótico.

Scarlet se giró y advirtió el gesto de “preocupación” en el rostro de las Wendys cuando le abrieron otra vía a la paciente, pero sospechó que estaban felices de poder formar parte de una situación tan dramática. Estar tan cerca de Petula en el que quizá podría ser el momento de su muerte las convertía en firmes candidatas para heredar su posición, su “mismidad.

Las Wendys salieron de la habitación, y una vez fuera se agruparon al instante,
discutiendo sobre imaginarios planes de funeral y sobre dónde comprarían sus trajes de luto de alta costura.

- Cada uno expresa su dolor a su manera -comentó la doctora después de que hubieran salido.
Scarlet rodeó a su madre con los brazos.

- De hecho, se trata del momento más crítico. Lo único que podemos hacer es esperar -dijo la doctora Patrick, haciendo que la señora K prorrumpiera en llanto. Scarlet se propuso no moverse de allí para que su madre alguien en quien apoyarse, pero ¿en quién iba a apoyarse ella? Damen seguía desconectado, de todas las formas imaginables.

Al llegar al hospital entró con él a la habitación y lo colgó donde Petula pudiera “verlo”, tal y como su madre le había pedido. Tal vez no surtiera ningún efecto en el estado actual de Petula, pero verlo allí sin lugar a dudas hizo que Scarlet se sintiera menor. Agotada, se desplomó en la silla, se quitó su trenza rockabilly, la lió en forma de almohada y poco a poco concilió el sueño.

Un arrastre de pies la despertó de repente. Eran demasiado pesados para que
perteneciesen a las enfermeras o las auxiliares, pensó. Abrió los ojos y trató de enfocar la mirada.
- ¿Dónde te habías metido? -preguntó Scarlet, incorporando la cabeza del sillón
reclinable de scay verde oliva. Se puso de pie y se acercó a aquella figura conocida que ocupaba el umbral.

- ¿Por qué dices eso? -dijo Damen en voz baja, abrazándola tan fuerte que casi la hizo olvidar sus
penas-. Acabo de llegar a la ciudad y me he venido corriendo para acá. Scarlet no estaba muy segura de si todo era un sueño o no, pero, si lo era, le encantaba.

Pero Scarlet tenía semejante expresión de angustia que Damen concluyó que la respuesta a aquella pregunta en concreto no tenía la menor importancia.

- No te llamé porque estaba empollando para un examen -explicó-. Y -hizo una pausaporque iba a venir de todas formas.

- ¿Qué ibas a venir? -preguntó ella.

- Para el Baile de Bienvenida, era una sorpresa -dijo Damen mientras volvía a
estrecharla entre sus brazos-. Ya sé que no va demasiado contigo, pero te echaba mucho de menos.

Era la primera vez que Scarlet pronunciaba en voz alta su preocupación por el estado de Petula, y el solo hecho de que tan inopinada confesión hubiese brotado de su boca la asustó. Él tiró de ella hacia sí una vez más, le apartó el pelo de sus ojos agotados y, pasado minuto entraron a la habitación.

Damen descorrió la cortina azul y miró Petula -la examinó de arriba abajo, más bien-. Scarlet observó cada uno de sus movimientos buscando algún indicio DE pasión renacida. Desde el Baile de Otoño del año anterior, cuando ella había perdido los nervios. En cierto modo, se había preparado para verla en el Baile de Bienvenida.


Pero verla de aquel modo le resultó triste. Petula era ante todo orgullosa , aunque probablemente no le hubiese importado mostrarse así de expuesta, era más que seguro que le irritaría encontrarse tan disponible.

No puedo quedarme mirándola en este estado y no hacer nada -dijo Scarlet, llegando finalmente al límite de lo que podía soportar.

-Lo sé -trató de reconfortarla Damen.
No, en serio, no pienso quedarme sentada sin hacer nada -dijo Scarlet, rechazando su compasión.
-Tal vez deberías irte a casa y descansar un poco -dijo Damen con dulzura, intuyendo que ella estaba a puntode perder los nervios -. Yo me quedaré.

-No me digas -masculló Scarlet.

-Pero ¿qué pasa contigo? -preguntó Damen.

-Estos médicos no están haciendo nada de nada -dijo Scarlet, tan frustrada como celosa

-. Pero he estado pensando…

-Oh-oh -dijo Damen, reaccionando a la expresión de seriedad en el rostro de Scarlet.

-Puede que conozca la forma de ayudarla -dijo-. Es más quizá yo sea la única persona que pueda.

-¿Y cómo te propones hacerlo? -a Damen le ponía nervioso pensar en lo que Scarlet pudiera tener en mente -. Cuenta con los mejores médicos, especialistas y enfermeras, que hacen cuanto está en sus manos.

Scarlet se lo expuso a Damen.

-Si Petula no está aquí, ¿dónde está entonces? -preguntó.

-Pero sí que está aquí -Damen señaló la cama, tratando a Scarlet como si fuera una niña, o una lunática.

-No me refiero a su cuerpo, eso no es más que un caparazón -le amonestó Scarlet –

Damen se encogió los hombros, no del todo seguro de adónde quería ir ella a parar.

-Mira, ya sé que alma es una palabra que ninguno hemos utilizado jamás en la misma oración que Petula -reconoció Scarlet -, pero hasta ella tiene una.

Damen la cogió de los hombros y la obligó a darse la vuelta empleando más fuerza de la que jamás Scarlet había sentido que emplease con ella.

-No sé lo qué pasó entonces -dijo Damen, que a todas luces había borrado de su mene buena parte de lo sucedido aquella noche -. Pero fuera lo que fuese, se debió al azar. Algo que sólo ocurre una vez en la vida.

-¿Y si su espíritu está ya al otro lado y no es más que cuestión de tiempo que muera y su alma se separe por completo de su cuerpo? ¡Puede que hasta para acabar en el infierno, qué sé yo!

-Scarlet… -dijo Damen con voz suave.

-¿Y si ha entrado en un círculo vicioso? ¡Y si está esperando a que comprueben su
nombre en una maldita lista, y nosotros aquí sin hacer nada más mientras hacen leña con ella!

-Scarlet, necesitas tranquilizarte -dijo Damen, ahora con más contundencia.

-¿Y tú qué sabes lo que yo necesito? -le espetó Scarlet, sorprendiéndose a sí misma con lo que
acababa de soltar por la boca.

Damen se preocupo. Aquellos cambios de humor no eranpropios de ella y empezaba a pensar que tal vez estuviera al borde de un ataque de nervios.

-Lo siento -dijo Scarlet muy seria -. Sólo quiero ayudara Petula. Que sepamos, bien podría estar condenada.

Lo de Scarlet no era sólo teatro, pero tampoco estaba siendo honesta del todo, ni con Damen ni consigo misma. Ambos sabían que la vida de Petula no es que hubiese sido ejemplar que digamos y que las probabilidades de que la esperase un final feliz en laOtra Vida eran cundo menos escasas. Pero el desasosiego de Scarlet no se debía tanto a las deficiencias espirituales de Petula cuanto a su propio sentimiento de culpabilidad. En su mente, ella le había arrebatado a Damen. Y hasta cierto punto la hacía sentirse bien eso de ser ella la que ganase por una vez y que Petula se llevara las sobras. Pero la idea de no poder ya nunca arreglar las cosas entre ambas, pedir perdón, aun cuando en realidad no se arrepintiera de ello, antes de que Petula se fuese directa al infierno en un bolso extragrande, era insoportable.

-Eso no lo sabemos -la animó Damen.

-No, claro que no, pero conozco a alguien que es probable que sí lo sepa -dijo Scarlet, en parte esperanzada y en parte aterrada.

El armario era diminuto, ni mucho menos un armario ropero grande, que es lo que
Petula habría insistido que fuera, de haber estado consciente. Estaba atestado de toallas dobladas, mantas, guantes de látex, camisones abiertos por la espalda, cuñas, vaselina, pomadas de antibiótico triple, vendas y calzas de quirófano. Apenas había espacio para almacenar el material de hospital, y menos aún para dar cabida a Damen y Scarlet. Pero era la única habitación privada disponible.

A él le hubiese gustado más colarse en un baño para darse una rápida sesión de
achuchones, pero el romanticismo era en lo último en lo que podía pensar ahora, buen, casi en lo último. Al fin y al cabo era un tío.

-No te preocupes -susurró Scarlet con un tono muy convincente -. Sé lo que me hago.
qué vas a hacer, chocar los talones de tus Doc Martens tres veces o algo así? -nunca hasta entonces se había mostrado tan frágil ante ella -. Si algo saliera mal…

-¿Qué? -replicó Scarlet esperanzada, rompiendo su concentración por un instante nada más, y dándole pie a declararle su amor imperecedero.
Damen quería decir que la quería, que no podía vivir sin ella, pero de ningún modo podía ponerse en plan Casablanca con ella. Sería demasiado sensiblero, demasiado definitivo.

-¿Qué voy a decirle a tu madre? -le preguntó, en cambio, abrazándola fuerte.

-Dile que volveré -contesto Scarlet, tratando al mismo tiempo de convencerse a sí misma de que así sería.

-¿Prometido?
Aquellas no eran exactamente las palabras que esperaba escuchar, pero lo dicho dicho estaba. A Scarlet empezaban a flojearle las piernas y quería empezar con el conjuro antes de que el sentido común se apoderara de ella.

-¿Podrías, esto, esperar fuera? -le pidió Scarlet a Damen como disculpándose.

-Claro -accedió él nervioso -. Estaré aquí mismo.

Damen cerró la puerta y la sala se quedó a oscuras. Scarlet cerró los ojos yempezó a
hipnotizarse convenciéndose de que estaba con Charlotte. Pensó en su primer encuentro, recordando cada detalle: los vasos de precipitados, el polvo de tiza, Charlotte, el tacto de sus frágiles manos mientras recitaba el encantamiento con la respiración entrecortada. Y enseguida se encontró allí. En ese lugar, en ese preciso momento. Le asustó un poco, pero sentir la presencia de Charlotte tan vívidamente la calmó.

-Tú y yo, nuestras almas son tres -dijo entusiasmada.
Aguardó un instante -o así de deprisa le pareció que fue -y escuchó una voz, reverberando débilmente en la distancia.

-Yo y tú, nuestras almas son dos -susurró en un tono muy familiar.

-Somos yo -terminó Scarlet, y sus ojos se abrieron tanto como su boca.

Damen la oyó golpearse contra las estanterías, se precipitó al interior del almacén y
llegó a tiempo de cogerla antes de que se golpeara contra el suelo. Tenía losojos en
blanco, apenas respiraba y su piel estaba húmeda y fría. Era como si alguien acabase de desconectarla de la corriente.

Damen abrió rápidamente la puerta de un empujón y gritó pidiendo auxilio como si a Scarlet le fuese la vida en ello. Y es que en más de un sentido, así era.

Comentario: pues yo creo que es obvio que Scarlet sienta celos, por Damen. como tambien es obvio que Damen sienta cosas al ver a Petula, ya que ella formo parte de su vida y es inevitable recordar las cosas pasadas entre los dos. por eso scarlet debe comprenderlo, y pues bueno ahora solo hay que ver que pasa con charlotte metiada en Scarlet esperemos que si se cumpla su deceo con Damen.

En que lo puedo relacionar con mi vida?
pues talvez el sentir celos de una persona que ya paso en la vida de el, que talvez ya no es tan importante, pero que llevan los recuerdos, y que al fin de cuantas esos recurdos nunca se van a olvidar.Y menos si fue parte de su vida.

lunes, 22 de marzo de 2010

LOS ARCHIVOS DE OMEGA

Algunas cosas extrañas suceden en este mundo. Su escuchan todo tipo de historias de miedo.
Pero, ¿son verdad? ¿a quién creer? Algunas historias nunca entrar en el periódico, porque los gobiernos quieren mantenerlos en secreto.

Y estas son las historias en los archivos de Omega.
¿Cuántas personas saben acerca de los archivos Omega?
No muchos-tal vez no más de treinta personas en Bruselas.
Hawker y Jude saber acerca de ellos, porque traer un montón de historias que van en los archivos.

Ellos tienen una vida interesante.
Una theyre día en Londres, hablando con un hombre joven.
Hectáreas es una extraña historia que decirles, sobre una empresa de drogas, pero ¿es cierto?
Otro día Ir a Escocia, en busca de monstruo en Loch Ness, pero por supuesto no hay monstruos, hay?
Otro theyre tiempo en una islandin el Océano Pacífico, donde todo el mundo está hablando de una nave espacial. Pero, ¿dónde está la nave espacial? ¿Y quién ha visto realmente? Su todo allí, en los archivos de Omega. Había dos de ellos. Hawker y Judas. No tenían otros nombres.

Justo Hawker y Jude Eran jóvenes, rápido e inteligente. Trabajaban para Edi, en el Gobierno europeo. Usted K ahora sobre la CIA estadounidenses y en Russiands KGB? Bueno esto fue EDI-el Departamento Europeo de la inteligencia. Los grandes secretos. Secretos muy extraños.

Los secretos de los archivos de Omega. No reciben dentro de periódicos, y la mayoría de la gente nunca oímos hablar de ellos. La mayoría de la gente no era conocible sobre EDI. En los primeros años Hawker y Jude viajado mucho. Bruselas, Estrasburgo, Roma, Nueva Delhi, Washintong ... Norte de África, América del Sur, Australia. . . Ni casa, ni familia, sólo trabajo. Trabajaban para el hombre superior en la oficina de Bruselas del EDI, y sólo para él. Fue llamado Arla. Nadie sabía su nombre real, o mucho de él. Algunos dijeron que era letona, otros dicen que era de otro planeta.

El siempre le dio duro a los puestos de trabajo Hawker y Judas.
L a puestos de trabajo con las preguntas, pero no muchos Archivos de respuestas. El omega Cuando los conocí, muchos años después, Hawker y Judas eran unos setenta años mayor. El vivía muy tranquilamente, en una casita blanca en una isla griega. Habían salido a caminar, natación, pesca, sino que estaba sentado en el sol, y dormía un mucho. Al principio, dindnt quiere hablar de su trabajo.

¡No podemos, dijo Jude. Nuestro trabajo era secreto. Su todo en los archivos del gobierno, y nadie puede leerlos. Después de treinta años me dijo que la gente puede leer todos los archivos secretos del gobierno.

No estos archivos Hawker dijo. Sus cien años antes de que la gente puede leer los archivos de EDI Me miró. Pero no es necesario leer los archivos que dije que puedo conseguir las historias de usted. Y lo hice. Éstos son algunos de ellos.

sábado, 20 de marzo de 2010

Titulo: Ghostgirl “el regreso”

Autor: Tonya hurley

Biografía:

Tonya Hurley triunfó el año pasado con la novela juvenil Ghostgirl (Alfaguara /Empúries), que narraba las peripecias de Carlotte Usher, una adolescente que se sentía invisible en el instituto y que un buen día pasó a serlo de verdad: se atragantó con un osito de goma y murió. Sin embargo, lejos de preocuparse, la joven aprovechó su nuevo estado para ser mucho más creativa y luchar por lo que siempre había soñado: ser popular. Ahora, un año después, Hurley rescata a los mismos personajes y se adentra en una nueva aventura: Ghostgirl. El regreso (Alfaguara / Estrella Polar). En esta ocasión, Charlotte trabaja en una centralita telefónica del Más Allá atendiendo llamadas de adolescentes con problemas. Una de esas llamadas es de su amiga Scarlet, que se adentra en el mundo de los muertos con la intención de recuperar el alma de su hermana Pétula, que se encuentra en coma después de sufrir un accidente haciéndose la pedicura. Aventuras, amor y mucho humor están asegurados en esta fantasmagórica historia. Como reza la contraportada del libro: “Morirse de aburrimiento no es una opción”.
...aunque se origine en la etapa estudiantil, el sentimiento de invisibilidad puede perdurar durante toda la vida


PERSONAJES PRINCIPALES: Charlotte, Pam y Prue.

PERSONAJES SECUNDARIOS: Coco, Manddy, señor Markon

CONTEXTO HISTORICO: Una vida después de la muerte

CONTEXTO GEOGRAFICO: “el colegio de los muertos” muertologia.



RESUMEN

Morirse de aburrimiento no era una opción. Charlotte ya estaba muerta.
-esto no es vida-gruño Charlotte, lo bastante alto como para que que Pam y Prue, que ocupaban sendos cubículos cercanos, lo oyeran.
Pam y Prue continuaron parloteando muy ocupadas, y Charlotte lanzo a su aparto a una mirada de resentimiento.

Todos los teléfonos, y los cubículos, eran idénticos. De color rojo sangre. Sin teclado, sin posibilidad de marcar una llamada saliente. Solo las recibía.
No es que la llamada la hubiera pillado en el pasillo y no hubiese llegado a tiempo o algo por el estilo. No había sonado jamás.
-quizá este mal conectado – se quejo Charlotte. Tendido sus brazos sobre la mesa y apoyo la cabeza en ellos, como un huevo pálido y frágil arrebujado en un nido.
Pasar día tras día allí sentada, incomunicada, era algo terriblemente frustrante para Charlotte.
-menuda lata ¿he?- dijo Manddy, asomando su encrespada cabeza sobre la división que las separaba.

Charlotte asistió decaída y justo cuando empezaba a armarse de valor para hablar, el teléfono de Manddy sono. Otra vez.

Con todo, trato de mantenerse el rostro impasible, el mas puro estilo de un adolecente de la realeza británica que asiste a un besamanos creyéndose explotado.
Si algo había aprendido era que su conducta importaba, sobre todo si la estaban observando.
Enderezo la espalda, cruzo las piernas a la altura de los tobillos, plego sus huesudos dedos sobre los muslos, frunció los labios en una rigida sonrisita y prosiguió con…la espera.

Charlotte se puso a cavilar, algo que últimamente, hacia con excesiva frecuencia.
Atragantarse con aquel osito de goma y morir en clase lo había cambiado todo, pero no del todo era malo. La muerte hizo posible que madurara como persona mucho más de lo que hiciera su vida. Aprendió a avalorar el trabajo en equipo, el altruismo y el sacrificio gracias a sus compañeros de muertologia, y el apoyo incondicional del profesor Brain. Incluso consiguió ir al baile con Damen y lo más importante, encontró una amiga intima, una alma gemela, Scarlet , una conexión que había estado buscando toda la vida.

La vida en el otro lado no era un mucho menos lo que Charlotte esperaba. Empezó a repasar la lista de lo que se suponía debería ocurrir y no había ocurrido.
A su llega recordó a los chicos de muertologia tuvieron que esperar en una sala monocroma vacía, como la celda de una prisión pero sin abarrotes.
Uno a uno sus compañeros fueron llamados e invitados as traspasar una anodina puerta de acero, como en su vida Charlotte fue la última de todos.
-Usher –le llamo por fin el señor Markov, un hombre que gastaba gafas de concha e iba ataviado con un traje
-¡presente! Contesto ella muy feliz de que por fin alguien pronunciase su nombre, y hubiese molestado en hacerlo bien.

Hemos tenido unos problemas técnicos con las líneas y queríamos asegurarnos de que todo funcionaba como es para que pudieses empezar directamente.
Charlotte ya no quería empezar nada mas, estaba dispuesta a parar.
El hombre no respondió mientras conducía a Charlotte al interior del otro espacio: una sala repleta de cubículos rectangulares y teléfonos, todos iguales.

Era como si el lugar y todos sus ocupantes se encontraban en la punta de la cola de un ser antaño vivo, pero que ahora aparecía tieso y disecad, casi como una pieza de museo.
Markon arranco con su charla. Era todo discurso de orientación, aunque ni mucho menos tan abierto e interactivo como el que pronunciaría el profesor Brain al comienzo de sus clases de Muertologia.

Por el tono de su voz era fácil saber se el logro resultaba digno de encomio o no.
-¿de qué va esto? – le pregunto Charlotte a Pam en voz baja
-se diría que nos hemos graduado y ahora tenemos que hacer prácticas –susurro Pam desde el cubículo.
- aquí es cuando tienes que poner en prueba todo lo que sabes y has aprendido continuo Markon.
El señor Markov era uno de esos tipos impacientes que no toleran con facilidad comentarios sarcásticos de sus subordinados, pero podía leer la confusión en el rostro de los becarios y se sintió obligado a ofrecerles una explicación.
-alguna vez has batallado contigo misma?
Le pregunto
-a diario – reflexiono Suzy Scratcher
-se refiere a mentalmente? – replico Pam, captando la idea antes que los demás.
- exacto – dijo el señor Markon
Cuando estén asustados o confusos o se sienten solos o talvez contemplen la posibilidad de hacer algo, entonces vuestro teléfono sonara.
-¿Cómo el tutor de alcohólicos anónimos de un famoso a algo asi – salto Coc, dejando una vez más que aflorara su antigua adicción a las revistas de cotilleo.
-os brindara la oportunidad de ser útiles, de hace algo bueno por los demás y de comunicar a otros lo que habéis aprendido – añadió el señor Markov
-si, va ser genial poder hablar otra vez con personas vivas! –exclamo Charlotte, dado claras muestras de no haber entendido del todo el concepto.
-no esque vallas hablar con ellos exactamente, Usher
-en realidad es como si fueras como su conciencia.

Charlotte escuchaba escéptica. Sabia sobradamente por haberlo experimentado en sus propias carnes que la simpatía, la empatía hacia los demás, era un don que o se tenía o no.
-se puede tener buenas intenciones pero si te llegas a equivocar en dar un mal consejo o prestar ayuda de forma inapropiada puede que sea peor que no hacer nada. Dijo Marckov.
-así que estamos aquí para perfeccionar nuestras habilidades- agrego entusiasmado Buzzaw Bud.
-y cuando lo consigamos podemos irnos? Dijo Charlotte
-nada te obliga a quedarte dijo Markov te puedes ir cuando tú quieras, es decisión tuya.

Si por ella fuera se hubiera ido en ese mismo instante pero se le ocurrió que, de hacerlo, estaría decidiendo también en nombre de quienes, estaba convencida, la llamarían desesperados.
El hecho es que Markov les había dejado muy claro a Charlotte y al resto de la clase en qué consistía aquello. Tenía un deber de cumplir y no debía tomárselo a la ligera.
Se abrió una puerta y un grupo inundo la sala. Charlotte estaba confundida.
-¿Pam? Grito Charlotte
- es el señor Paroda, mi profe. De música de segundo
A continuación, Silent Violet abandono a su silencio y corrió chillando hacia una anciana.
-abuela – exclamo Violet en tanto abrazar a la mujer del pelo sedoso
Violet hacia un rincón, donde se arrebujaron y empezaron a cotorrear.
Cuando todos hubieran entrado en la habitación, hizo su aparición una figura gloriosa y elegante, solo que esta tenía un aura rosada cortada a medida.

En la habitación todos estaban ya emparejados con parientes.
Pero ahora mientras miraba a su alrededor, entre la multitud, no dio con ninguna que casara con la zuña.

Era un sencillo complejo circular e incluía una manzana en forma de media luna compuesta por lo que parecía casitas adosadas a lo largo del perímetro, cada una de los cuales tenía una etiqueta con el nombre del becario a quien había sido asignada.
Charlotte estaba demasiada distraída para ponerse a busca su nombre entre el grupo de domicilios.

A cierta distancia de los adosados se erguía el edificio en que se encontraba ahora y, frente a él, una más grande de apartamentos. Charlotte trato calcular cual sería la distancia real entre ambos a partir de la escala del plano, su mente ocupada.
Charlotte todavía no había conseguido calcular la distancia exacta, pero era evidente que había un buen trecho entre las viviendas.

Curiosamente el conjunto se le antojo una suerte de enorme cara sonriente, donde los adosados formaban una amplia sonrisa y la torre de apartamentos y el edificio de oficinas, los ojos, vacios, dilatado, indescriptibles, como los suyos.

Todos abandonaron la sala con sus respectivos seres queridos. Almas perdidas desde hacía mucho tiempo, unidas de nuevo. Y lo único que Charlotte parecía haberse reunido de nuevo era con aquel viejo sentimiento de soledad. Sin nadie que le reclamase.
Ni siquiera estaba segura de quien le hubiese gustado encontrarse de nuevo al otro lado. Y sin embargo ella pensaba que si habría alguien.
Cuando la muchedumbre se hubo ido y la puerta se cerró tras la última pareja, Charlotte levanto la vista y vio alguien en quien no había reparado antes: una chica que la miraba sentada desde el otro lado extremo de la habitación.

La chica estaba acicalada de los pies a la cabeza .el largo vestido, estampado con motivos geométricos, pero a Charlotte no le daba gato por liebre.
Todo en ella destilaba autosuficiencia, todo salvo la simpatía sonrisa que le dedico al cruzarse sus miradas.
-hola – dijo la chica con entusiasmo, antes de que Charlotte pudiera preguntarle que hacia allí- soy Matilda, pero puedes llamarle Maddy.
-encantada de conocerte… Maddy – dijo Charlotte agradecida, a la par que un tonto desconcertada por la calidez de Maddy. Después de todo, no se conocían de nada.

Charlotte conocía aquella expresión. Como era eso de tener la mano y ser, bueno, rechazada.
Charlotte vasillo unos instantes, todavía aturdida y levemente desmoralizada por la situación, pero al final consiguió sobreponerse.
-suena tentador vamos.

Maddy sonrió con amabilidad y ambas abandonaron la oficina y se dispusieron a cruzar el patio hacia la enorme y altísima torre circular de apartamentos que les serviría de residencia el tiempo, cuanto no lo sabían, que permaneciese allí estancadas.

Charlotte solo pudo concluir una cosa: fuera lo que fuese aquello que vieron, era todo menos que una escalera al cielo.

Un día mas y la misma rutina Charlotte se paso la tarde mirando por la ventana y se fue a la cama después de otro dia tan aburrido como los demás.

Estaba claro que Maddy era diferente a las demás chicas, pero al menos estaba allí. Para Charlotte significaba mucho todos los demás estarían demasiados ocupados trabajando reuniéndose con sus seres queridos o lo que fuese. Cerró los ojos y se duermio.

A decir verdad pensó Charlotte llevándose el rostro la mano que le quedaba libre y frotándose su siempre suave y palidez tez, la muerte era una crema fabulosa era una pena que no se podía embotellar.

Charlotte asomo la cabeza por fuera del ascensor y empezaba a gritar de nuevo cuando vio a Maddy emerger alegremente por la puerta del apartamento.

Charlotte no tenía demasiado claro a quienes podía estar ella dejando tirados, si a sus compañeros de trabajo o a los que llamaban por teléfono, sobre todo teniendo en cuenta que no parecía que ni unos ni otros estuviese presentándole atención.
Charlotte se aparto cabizbaja y retrocedió por el pasillo sin querer contra la mesa de Pam en el instante mismo en que estaba colgando el teléfono.

Que pasa contigo? Pregunto Pam, sorprendida el inusitado pasotismo de Charlotte. me parece que se te está pegando lo de la nueva.

Charlotte giro la cabeza y lanzo una mirada asesina a los bancarios, que , con disimulo, no perdían ripio de su agarrada con Pam. Al hacerlo, uno a una bajaron los ojos e hicieron ver que trabajaban. Todos excepto Maddy
-como si te importara algo – se quejo Charlotte a Pam mientras se dirigía hacia su mesa- ni a ti ni al resto de nosotros.

En que lo relaciono con mi vida cotidiana?
Pues yo no encuentro como relacionarlo con mi vida ya que yo no me he encontrado en esas situaciones que ha pasado Charlotte.

Critica: bueno pues yo creo que ya era obvio que Charlotte madurara más de lo ella hubiese imaginado, ya que paso por muchas cosas, que al fin y al cabo dolieron pero hubo cierta conciencia, y pues también creo que es muy difícil pensar que no hay nadie quien te espere, como el caso de que todos iban a ver a sus parientes y ella no tenía ni a quien ver ni mucho menos a quien hablarle. Aunque Charlotte tuvo un mal rato, apareció Maddy quien le ofreció una amistad completa y muy sincera.




sábado, 6 de marzo de 2010

Prepositions places

1.-The popocatepetl is back the trees
2.-The trees is beside the fishes
3.-The birds is on the iztlacihuatl
4.-The iztlacihuatl is in front of the river
5.-The river is beside the pigs
6-.The pigs is beside the cow
7.-The cow is back the house
8.-The montain is back the house
9.-The road is beside the fence
10.-The car is beside the fence
11.-The truck is on the road
12.-The fishes is in the sea
13.-The star is in the sea
14.-The turtle is in the sea
15.-The octapuss is the sea
16.-The octapuss is in the middle os the fishes and star
17.-The turtle is under fishes
18.-The fishes is beside the middle of the octapuss
19.-The star is in the middle of the octapuss and turtle
20.-The road is the beside the sea
21.-The fence is beside the house

jueves, 18 de febrero de 2010

enchant encantar ejerser un acto de magia

worket trabajar accion de hacer una accion para
obtener un beneficio

student studiante persona que cursa estudios en una universidad u otro centro

secretary secretaria cargo y oficina del secretario,

january enero promer mes del año civil

single sin ayuda falta de auxilio ajeno

secretary secretaria cargo y oficina de
un secretario

lawyer abogado defensor

judge juzgar deliverar, sentencia

butcher matar quitar la vida de forma
violenta

driver conducir guiar

engineer ingeniero persona que profesa la
ingenieria

doctor doctor persona que ha obtenido
el ultimo grado universitario

dancer bailarin persona que profesa el arte
de bailar


singer cantante persona que canta

architec arquitecto persona que ejerse la arquitectura